El fin de una etapa vital: 2006-2026.
En el año 2006, un niño cumplió los siete años de edad. A partir de ese momento, empezó a adquirir el uso de razón, coincidiendo con grandes cambios en su desarrollo cognitivo: finalizó su egocentrismo, comenzó el pensamiento lógico y empezó a distinguir entre el bien y el mal.
En pleno desarrollo vital, el deporte rey llamó a su puerta y se produjo su primera toma de contacto con el fútbol. Llegó como siempre ha llegado el amor y, como diría Antonio Gala, «sin buscarlo».
Aquella época marcaba el inicio de la digitalización del mundo. Internet estaba cada vez más presente en los hogares y era preciso adaptarse a las transformaciones que provocaba. Por ello, su madre compró un ordenador para la casa con el fin de mejorar la educación de su hermana y la suya. El equipo no era el único objeto que venía en el embalaje; lo acompañaba un juego para PC: Copa Mundial de la FIFA 2006.
Resulta inimaginable pensar que el hecho de introducir el CD-ROM y realizar la instalación en las lectoras de aquel entonces iba a desencadenar todo lo que vino después. El fútbol había llegado a su vida.
La instalación fue eterna, pero más largas fueron las tardes que pasó manejando a jugadores de talla mundial como Fabio Cannavaro, Zinedine Zidane, Ronaldinho, Thierry Henry, Samuel Eto'o, Didier Drogba, Kaká, Gianluigi Buffon, Zlatan Ibrahimović, Cristiano Ronaldo, Michael Ballack, Frank Lampard, Miroslav Klose, Steven Gerrard, Deco, Luís Figo, Juan Román Riquelme, Franck Ribéry, Wayne Rooney, Gennaro Gattuso, Andriy Shevchenko, Patrick Vieira, Michael Essien, Petr Čech, Alessandro Nesta, Lilian Thuram, Jens Lehmann, Philipp Lahm, Rafael Márquez, Adriano o Leo Messi.
Eran tantas las horas que pasaba aquel niño delante de la pantalla que su madre tuvo que restringirle los turnos para utilizar el ordenador, permitiéndole jugar solo los fines de semana a partir del viernes. Su único deseo entre semana en el colegio era que llegase la tarde del viernes para sumergirse de nuevo en aquel universo virtual, imaginando miles de alineaciones, partidos, desafíos y torneos.
Y llegó el Mundial de Alemania 2006. Aquel niño, que conocía virtualmente a todas las selecciones y futbolistas, vio cómo la selección de España caía en octavos de final frente a la Francia de Zinedine Zidane. Tras haber imaginado y soñado con la victoria tantas veces en el juego, la derrota supuso su primer trauma futbolístico. Aquel niño aún recuerda el famoso cántico de «¡A por ellos, oé!» y cómo en cada rincón se repetía el mito de la «maldición de cuartos de final».
El año 2007 marcó profundamente su vida. La separación de sus padres nunca fue la noticia que quiso escuchar; produjo una herida en un niño que, con ya ocho años de edad, jamás pudo cerrar del todo. Aun así, el fútbol fue siempre el refugio ante sus problemas. El videojuego original quedó obsoleto y dio paso a nuevos artículos futbolísticos, como el célebre Pro Evolution Soccer 6 —conocido como PES 6—, los cromos de la Liga y las guías MARCA de cada temporada.
A partir de ese mismo año, aquel niño comenzó también su afición por el Córdoba C. F., que lograba un histórico ascenso en Huesca a Segunda División. Se iniciaba así una relación que duraría para toda la vida. Sin embargo, el Córdoba no aparecía en ninguno de los dos videojuegos. Por tanto, se enamoró antes del fútbol internacional, siendo este su primer amor. Cuando le preguntaban: «¿De qué equipo eres?», él respondía con orgullo: «Yo soy del España».
Aquel niño tomaba conciencia de que la historia futbolística de la selección de su país y de sus jugadores era menor en comparación con el palmarés de otras potencias. Pese a ello, sabía que debía apoyar, por encima de todo y de todos, a España.
Y en 2008 todo cambió. Vio cómo el seleccionador don Luis Aragonés, que había sido perseguido ferozmente por la prensa deportiva nacional tras la eliminación en 2006, impregnaba al conjunto no solo de un sistema de juego basado en la posesión del balón, sino también de un carácter y una mentalidad ganadora indestructibles: «Ganar, ganar y volver a ganar» o «del subcampeón no se acuerda nadie». España se enfrentó a la vigente campeona del mundo, Italia, en una agónica tanda de penaltis que midió a los que por aquel entonces eran los dos mejores porteros del planeta: Iker Casillas y Gianluigi Buffon. Casillas detuvo dos de los cuatro lanzamientos italianos, Cesc Fàbregas anotó el penalti definitivo y España consiguió superar la barrera de los cuartos de final que tantas veces los padres de aquel niño habían contemplado y mencionado con resignación.
España, a partir de ese día, se despojó de todos sus miedos. Don Luis Aragonés hizo creer a todo un grupo humano y a un país entero en su idea y en la capacidad para salir campeones tras años de fracasos y decepciones. Justo antes de la final de la Eurocopa de 2008 ante Alemania, exclamó en el vestuario aquella famosa frase: «Nos ha llegado el momento; nos han metido hostias de todos los colores», logrando transformar la presión de todo un grupo de jugadores en pura motivación. España se proclamó campeona de Europa con un legendario gol de Fernando Torres, alzando la segunda Eurocopa de su historia.
En 2010, aquel niño vio cómo Vicente del Bosque recogía de manera impecable el testigo de una selección a la que condujo hacia su primera estrella mundial, mediante un liderazgo tranquilo y conciliador que priorizaba la cohesión del grupo, el diálogo y el control de los egos. El camino en el Mundial de Sudáfrica 2010 no fue fácil: el primer partido de la fase de grupos se perdió inesperadamente contra Suiza. Sin embargo, aquello no desanimó a un bloque que mantenía la estela y el convencimiento ganador heredados dos años atrás. España avanzó ganando los dos partidos siguientes a Honduras y Chile, y venció en octavos de final a Portugal con las recordadas exhibiciones de David Villa y su posterior celebración torera.
En la memoria de aquel niño queda grabado el agónico partido de cuartos de final contra Paraguay. Los fantasmas reaparecieron cuando Óscar Cardozo se dispuso a lanzar un penalti, pero este fue atajado por Iker Casillas con la inestimable ayuda de Pepe Reina, quien le había indicado desde el banquillo el lado por el que el delantero ejecutaría el disparo. El gol posterior de David Villa certificó el pase a las primeras semifinales de un Mundial en la historia de la selección. En la antesala de la gloria, Carles Puyol, en una jugada ensayada y pactada en el descanso con Xavi Hernández, se elevó por encima de todos los defensores alemanes para conectar un soberbio cabezazo que abrió las puertas de la gran final.
En el partido definitivo esperaba una selección de Países Bajos que había resultado victoriosa en todos sus encuentros previos. España no renunció a su identidad ante una Holanda agresiva que interrumpió el juego constantemente a través de múltiples faltas, permitidas por el colegiado inglés Howard Webb. El encuentro se fue a la prórroga con el marcador a cero, hasta que en el minuto 116 llegó el gol de todos. Andrés Iniesta culminó una jugada colectiva batiendo al guardameta neerlandés dentro del área. Aquel niño pudo contemplar la emotiva dedicatoria de Iniesta a su amigo Dani Jarque, así como la de Sergio Ramos a Antonio Puerta. El niño que siempre había soñado con la victoria de España en aquel videojuego de 2006 vio cómo su sueño se convertía en realidad: España era campeona del mundo por primera vez.
En 2012, la Selección Española continuó escribiendo con letras de oro las páginas de este deporte con figuras de la talla de Iker Casillas, Sergio Ramos, Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Sergio Busquets, David Villa o Fernando Torres, entre otros. Sus nombres abanderaron a un equipo de ensueño que consiguió encadenar un ciclo histórico de Eurocopa, Mundial y Eurocopa, logrando en Kiev la Eurocopa 2012, el tercer trofeo continental del país.
Aquel niño, ya adolescente, entró al instituto. Empezó a forjar sus primeros vínculos de amistad estrecha gracias al fútbol. En las clases eran comunes los debates y las discusiones apasionadas, así como la confección de alineaciones imaginarias en las últimas hojas de los cuadernos.
Sin embargo, el adolescente vio cómo en 2014 se apagaban los últimos resquicios de aquella generación irrepetible. Su participación en el Mundial de Brasil fue deficiente, quedando eliminada en la fase de grupos. En 2016, la Eurocopa de Francia refrendó el declive al caer en octavos de final frente a Italia. En 2018 se repitió la misma historia: a pesar de contar con una nueva generación de futbolistas, el equipo no fue capaz de tomar el testigo y cayó en octavos de final ante la anfitriona, Rusia, en el Mundial de 2018.
En 2020, año en que estalló la pandemia de la COVID-19, se suspendieron las competiciones de todo el planeta, lo que obligó a posponer la Eurocopa 2020 al verano de 2021. El seleccionador Luis Enrique Martínez había tomado previamente las riendas en 2018, reconstruyendo el equipo sobre la base y la filosofía del juego de posesión. De este modo, Luis Enrique, sin estar exento de las feroces críticas de un sector de la prensa deportiva, asumió el liderazgo absoluto de una selección muy joven que, a la postre, demostró con creces su valía. El técnico se erigió en el parapeto perfecto para desviar la presión dirigida a sus jóvenes jugadores. En sus dos etapas al mando —interrumpidas trágicamente por el fallecimiento de su hija Xana—, Luis Enrique no conquistó títulos absolutos, pero devolvió la mentalidad competitiva y la identidad sobre el césped. Esto permitió alcanzar el subcampeonato de la Liga de Naciones de la UEFA 2020/2021 y las semifinales de la Eurocopa 2020, donde cayeron con honor en los penaltis ante Italia, asentando los cimientos para revertir el ciclo negativo. Posteriormente, en el Mundial de 2022, el niño —ya hecho un hombre— contempló cómo la selección se despedía en octavos de final frente a Marruecos.
A inicios de 2023, Luis de la Fuente recogió el testigo de ese combinado joven y revitalizado. El nuevo seleccionador pertenecía a la estructura de las categorías inferiores de la RFEF desde 2013 y conocía a la perfección a la generación que había dirigido en la sub-21, siendo la mayoría de ellos quienes lo acompañaron en la absoluta. Con años de trabajo silencioso y bajo un liderazgo fundamentado en la cohesión grupal, la cultura del esfuerzo y la superación, De la Fuente volvió a unificar un vestuario donde cada integrante asumía un rol clave. La humildad, la constancia y su profunda fe condujeron a España a proclamarse campeona de la Liga de Naciones de la UEFA 2022/2023 y, posteriormente, campeona de la Eurocopa 2024, conquistando el cuarto trono continental de nuestra historia.
Aquel niño, hoy adulto, echa la vista atrás hacia aquel Mundial de 2006 y se da cuenta de que hay dos leyendas que siguen compitiendo desde su infancia y que han dominado el firmamento futbolístico por encima del resto: Leo Messi y Cristiano Ronaldo.
Siempre ha adorado a Leo Messi por su talento puro, su aparente sobrenaturalidad y su perfección técnica, considerándolo el mejor jugador de todos los tiempos junto a Diego Armando Maradona, Pelé y Johan Cruyff.
Pero, aquel niño, también considera que el esfuerzo, la disciplina inquebrantable y la tenacidad son valores que encarna a la perfección la figura de Cristiano Ronaldo. Sus cualidades constituyen un ejemplo vital para cualquiera, demostrando que con trabajo diario se pueden alcanzar metas que rozan lo sobrehumano o llegar allí donde el talento por sí solo no basta; prueba de ello es haber competido de tú a tú —e incluso haber superado por momentos— al mejor futbolista de la historia, mantenerse activo superando los cuarenta años y poseer el récord de haber anotado en seis ediciones mundialistas. Aquel niño también se ve reflejado en el portugués, admirando cómo fue capaz de sobreponerse a la temprana muerte de su padre para orientar su vida hacia una carrera colmada de éxitos colectivos e individuales.
Aquel niño, que hoy es un hombre, vuelve a soñar como lo hizo en 2006 y 2010, vislumbrando cómo España puede consolidarse como la gran dominadora del siglo XXI. Sueña de nuevo mientras le evoca la melodía de Alicia en el país de las maravillas, aquella inolvidable banda sonora del Informe Robinson dedicado a los campeones del mundo en 2010.
Gracias al fútbol, aquel niño ha fraguado vínculos y compartido inolvidables charlas con amigos que siguen presentes en su día a día. Si ellos han llegado hasta estas líneas, es porque continúan formando parte de su vida. Porque, como bien señalaría el filósofo Gustavo Bueno:
«Este deporte es capaz de movilizar millones de voluntades y crear un sentimiento de pertenencia grupal».
Aquel niño observa hoy cómo toda su generación se encuentra ante el cierre definitivo de una etapa vital que los acompañará siempre: el fin de su infancia.
Aquel niño soy yo.
Gracias por todo, fútbol.
Juanma Nevado.


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